Edades Binarias

La semana pasada crucé otra de estas dichosas líneas divisorias imaginarias que continuamente trazamos en nuestras vidas. Cumplí un año más, completé una vuelta más alrededor del sol montado en este planeta azul en que vivimos; en realidad sólo un ciclo más.

Pero claro, los humanos estamos programados para encontrar patrones en el caos, causalidad en lo azaroso, y significados (especialmente a posteriori) en cada pequeño detalle. Así me percaté de que mi edad respondía a una potencia de 2 (2⁵, claro), con toda la belleza del número y los entretenimientos de las mitades exactas y perfectas. Y a partir de ese hecho casual e inevitable empecé a sacar mis conclusiones, vaticinios y auto-predicciones.

Resulta que el año de mis 2⁴ fue un año fundamental en mi desarrollo, intenso y definitorio en todo lo que he sido. Todos los años vividos lo son, podrá argumentárseme; pero objetivamente fue un año importante. A mis 16 viaje sin mis padres por primera vez; visité Francia, viajé completamente sólo hasta Granada, y viajé con la Ruta Quetzal hasta Bolivia. Y lo más importante fue el viaje interior que ello conllevó.

Desde entonces ha pasado la otra mitad de mi vida (precisamente es la belleza del número), y uno se siente empujado a encontrar en ello un significado. Pero en realidad, ¿Quién sabe?. Ni siquiera yo puedo tomarme en serio mi propia numerología. Como he dicho, es la naturaleza humana… encontramos milagros, fuerzas superiores que rigen nuestros destinos, oráculos y profetas cuando nos muestran algo de orden en el caos.

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